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Las geishas eran prostitutas prostitutas birmania

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En su vida diaria debían fingir humildad, sobornar a funcionarios y andarse con ojo para no ser expropiados. En los barrios de placer , en cambio, la cuna no importaba, solo contaba el dinero. Tenían terminantemente prohibido pisar el exterior y estaban sujetas a contratos draconianos y deudas inagotables, que las obligaban a prostituirse hasta el final de su juventud.

Generalmente eran hijas de campesinos que las cedían a cambio de dinero, convencidos de que allí, al menos, tendrían asegurado un techo, comida y ropa. Llegaban siendo niñas y pasaban sus primeros años trabajando como criadas. Pero si eran especialmente bonitas y demostraban talento podían empezar como aprendizas acompañando a las grandes cortesanas a modo de séquito , y convertirse, a su vez, en cortesanas de alto rango.

Envueltas en capas y capas de vistosas telas, ceñidas con gigantescos fajines anudados por delante, causaban sensación. Se pagaban fortunas por la mera compañía de una cortesana. Por otro lado, para ganarse sus favores era preciso cortejarlas. El de geisha fue, inicialmente, un oficio masculino. Fuera de los barrios oficiales la prostitución era ilegal.

Por supuesto, eso no implica que no existiera. También proliferaban bailarinas adolescentes cuyos favores a veces se podían comprar. En , una mujer se autodenominó geisha. Se llamaba Kikuya , y era una prostituta ilegal del barrio de Fukagawa, en Edo, decidida a dignificar su profesión promocionando su talento para el canto y la danza.

Alentadas por su éxito, muchas mujeres siguieron su ejemplo. A regañadientes, los distritos oficiales decidieron conjurar esta amenazadora competencia contratando a sus propias geishas femeninas.

Les impusieron estrictas normas: Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres. Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas. Había nacido una nueva profesión. A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso. El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando.

También podía contratar los servicios de un bufón. Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada.

Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado. Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta. Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio. Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales. Podían y pueden tener amantes.

Entrada a Ichiriki Ochaya. Las okiya , casas donde residen y se entrenan las geishas, invierten sumas astronómicas en formar a sus pupilas.

Por ello, hasta mediados del siglo XX, dos grandes fuentes de ingresos complementaban su tarifa habitual: El mizuage consistía en ofrecer a un cliente selecto la oportunidad de desflorar a una aprendiz , o maiko , de catorce o quince años de edad.

Era una ocasión excepcional: Para señalar su paso a la madurez, la muchacha cambiaba de peinado y recibía felicitaciones de sus compañeras de gremio. Un danna costeaba el vestuario y las lecciones de su protegida y, si era lo bastante rico, adquiría una vivienda para ella, a menudo con la aquiescencia de su esposa.

Mantener a una geisha era un símbolo de estatus en la alta sociedad nipona. Su papel en el fin del sogunato y la Restauración Meiji fue crucial. En , el líder rebelde Kido Takayoshi salvó la vida gracias a Ikumatsu, una geisha que le ayudó a esconderse y huir.

Kido no olvidó el favor. Por primera vez, una geisha se convertía en la esposa de un estadista. En había Ni siquiera las flappers japonesas habían logrado eclipsarlas con sus vestidos de flecos y sus peinados a lo garçon. Pero sus costumbres empezaron a fosilizarse.

Ya no encarnaban la modernidad, sino la tradición. Muchas huyeron al campo. Durante la ocupación estadounidense, su reputación se desplomó. Los soldados americanos, que no estaban para sutilezas, llamaban geisha a cualquier infeliz que ofreciera su cuerpo a cambio de una onza de chocolate.

Se abrieron burdeles para los militares extranjeros , un negocio que MacArthur, al frente de la ocupación, trató de eliminar sin demasiado éxito, aunque sí logró que el gobierno dejara de amparar los barrios oficiales de placer. En se ilegalizó definitivamente la prostitución. En comparación, las autoridades turcas reconocen oficialmente que, entre y , se identificaron como víctimas de la trata sólo a personas. Por desgracia, hay quienes explotan niñas.

Hemos encontrado mujeres de 16 años que trajeron a los 14; estaban en burdeles con papeles falsos y el Gobierno miró para otro lado. Cuando los tratantes se cansan de las muchachas, simplemente llaman a la policía y las entregan. Cuando se hacen redadas, es curioso que no aparezcan los explotadores para ser arrestados. Muchas jóvenes tienen papeles auténticos pero ilegales. El policía se refiere a lo que he descubierto en todo el mundo: Mi entrevistado evoca las complejidades de detectar a una esclava sexual cuando los papeles son legales: El policía asiente a las cifras que le ofrezco.

Reitera que la del sexo es percibida como una industria y no como una actividad delictiva. Las propias cifras del Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía son elocuentes: La OIM logró convencer al Gobierno turco de implementar una línea telefónica para denuncias.

Desde que se inauguró, el 23 de mayo de , hasta principios de , fueron rescatadas víctimas. Sin embargo, las cifras no son tan optimistas cuando logro hablar con algunas jóvenes de Moldavia y Croacia, quienes me aseguran que la repatriación es una farsa, que se trata de una vulgar deportación de mujeres que ya han estado demasiado tiempo en el negocio.

Eran las nueve de la noche. Caminaba por el barrio de Ginza. Sabía lo que buscaba. De pronto vi salir a tres jóvenes geishas de un callejón; me acerqué. Tras ellas salieron dos hombres con traje negro por una puerta sin señalizar que era vigilada por un guardaespaldas. Decidí filmar la escena, y de inmediato el vigilante se dirigió a mí con un tono iracundo.

Le dije que era una turista que estaba filmando mi viaje. Le pregunté en inglés poniendo cara de ingenua: Él me tomó del brazo, me llevó hacia la avenida y me dijo que me largara de allí. Caminé dos manzanas y entré en un pequeño restaurante para revisar mi material, comer algo y recuperar el aliento. La llamaban a otra mesa y seguía departiendo con los distinguidos clientes. Habían pasado varios días y no le permitían cantar, le decían que debía esperar.

A la semana comenzaron a llegar los yakuzas. Así lo cuenta Rodha: Era un club de venta de esclavas finas. La joven había firmado un contrato para cantar y eventualmente grabar un disco.

A los dieciocho años creyó que estaba experimentando una entrada en la vida adulta. Con el paso de las semanas comenzó a sentirse enojada e inquieta, y exigió que la llevaran al club en el cual debía cantar. Reclamó que no estaban cumpliendo con su contrato de trabajo, el mismo que su padre había revisado.

Poco a poco se reveló el principio de la pesadilla. Su abogado se había quedado con el visado y el billete de regreso, argumentando que los necesitaban para obtener un permiso de trabajo.

Quince minutos después de tomar el trago, me sentí muy pesada. Nunca había experimentado esa sensación al beber alcohol. De pronto me sentí como si hubiesen inyectado cemento en mis venas. Un par de yakuzas me levantaron de los brazos y me llevaron hacia el elevador. No podía comprender lo que estaba sucediendo, les hablaba en inglés y no respondían. Una vez dentro del elevador, las rodillas se me doblaron y uno de los yakuzas me cargó como si fuera una niña".

La joven estaba consciente, pero su cuerpo permanecía paralizado. Al salir pudo ver una larga fila de Mercedes Benz y luego perdió el conocimiento.

Se dejó ir, aterrorizada; en su mente sabía que algo estaba muy, pero muy mal. Miré a mi alrededor. A mi mente vino un poco de tranquilidad: Posteriormente aparecieron ante mí varios yakuzas desnudos, solamente estaban cubiertos por una toalla en la cintura. Absolutamente todo su cuerpo estaba tatuado. Finalmente, vinieron a mi mente las palabras de mi tío Jim. Él no quería que mis padres me dejaran viajar a Japón, insistía en que allí se llevaban a las jovencitas para hacerlas esclavas sexuales.

De pronto, me levanté y corrí hacia la puerta; antes de que me diera cuenta, tres yakuzas estaban deteniéndome, uno de ellos golpeó mi cabeza contra la pared?

Cuando Rodha despertó estaba desnuda en la cama. Tenía los ojos vendados, obviamente los hombres que la violaron no querían ser reconocidos.

Dos agentes del FBI a quienes entrevisté sobre este caso me aseguraron que la consistencia de la historia de Rodha y la coincidencia detallada con otros testimonios de las pocas estadounidenses rescatadas de los yakuzas les han dado elementos para entender el grado de crueldad de esos mafiosos.

Durante la noche la venda se cayó de mis ojos. Eso no debía estarme sucediendo. Recuerdo llorar casi en silencio mientras se turnaban. Supongo que el nombre de Dios hizo que uno de ellos se enojara mucho, pues me abofeteó con fuerza. Rodha ha contado su historia un centenar de veces. Una víctima no puede revivir una y otra vez todos los detalles de su historia creyendo que no le afecta.

La joven es consciente de ello, y nutre su fuerza de fe religiosa. Quedarse en Myanmar como periodista no es una buena idea; tomé la decisión de hacer las entrevistas con gran sigilo, puesto que la dictadura militar arresta y tortura a quienes pretenden difundir las violaciones de los derechos humanos. Estaba en Tailandia cuando preparaba mi viaje hacia Myanmar: Para entrevistar a mis contactos en Myanmar necesitaba quedarme al menos dos días, lo que representaba un serio problema, porque cruzar el puente desde Mae Sot implicaba entrar con un visado especial cuyo costo es de 11 dólares y condiciona el regreso a Tailandia ese mismo día por la tarde.

Los soldados que fungen como agentes de migración del pequeño puesto de Myanmar retienen tu pasaporte a cambio de un recibo. Para ello debía lograr dos cosas: La idea era volver a Tailandia unos días después con mi pasaporte en la mano y la evidencia de la corrupción de los agentes de migración. Naturalmente, por motivos de seguridad, en Asia viajaba con visado de turista. Entregué mi itinerario a mis contactos locales y a mis amigos de la OIM, por si acaso.

Necesitaba hacerme acompañar por alguien capaz de llevarme a Mae Sot para desde allí cruzar el llamado puente de la Amistad. Afortunadamente, logré contactar con un hombre que unos colegas me habían recomendado. Por la maniobra tendría que pagar dólares estadounidenses: La misma suma me costaría regresar sana y salva a Tailandia con un primo de mi contacto, que me conduciría de vuelta a Mae Sot. La orden fue sencilla: Cruzamos los metros del arco del puente de la Amistad.

Tuve que gastar otros dólares: En febrero el clima es caluroso, pero soportable. Parecido a los mercados mexicanos, Mae Sot es ruidoso, y circulan mujeres y hombres con vestidos tradicionales.

Las geishas deben ser elegantes, refinadas y sofisticadas. Por encima de todo, deben dominar el arte de la conversación, indispensable para su profesión. En , tras muchas confusiones y una reputación manchada, el gobierno japonés tuvo que precisar la diferencia entre las prostitutas y las geishas: Efectivamente, muchas prostitutas, sobre todo las oirans, reivindicaban un estatus de geishas para atraer a los hombres.

Una vez diferenciadas de otras profesiones, las geishas vivieron en barrios reservados, los hanamachi o kagai. Hasta , año de prohibición de la prostitución en Japón, también había una prostituta en cada okiya.

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Y otras, como Suecia, que han penalizado el consumo de sexo comercial y protegido legalmente a las mujeres que son víctimas de la esclavitud sexual comercial.

Al aterrizar en Estambul es de noche y pierdo el aliento ante la belleza del cielo estrellado con pinceladas violetas. En un taxi rumbo al hotel, bajo la ventanilla y los olores de la ciudad se revelan ante mí: Cada ciudad tiene un aroma que la distingue. El taxista, orgulloso de su patria, elige darme un paseo.

Aquí todo es bueno", me asegura, "convivimos musulmanes, judíos, cristianos, agnósticos, protestantes. Aquí todo el mundo es respetado y bienvenido". Sonrío y pienso en los informes de PEN International? Pero guardo silencio, sé que el mundo no es blanco y negro y que todos los países, como las personas que los habitan, son diversos, complejos y magníficos a la vez.

La hermosura de los ojos del joven maletero que me recibe en el hotel y la dulce voz de una recepcionista que habla un perfecto inglés hacen que me sienta bienvenida. Imagino que algunas de las Espero frente a la barra de un bar a mi contacto. Al poco tiempo, un hombre alto, atractivo, de tez morena clara, cabello al rape, cejas pobladas y chamarra de cuero se detiene a mi lado.

En un francés titubeante masculla que allí no podemos hablar: Saco de mi bolso una tarjeta de mi hotel y se la entrego. Paga el trago sin haberlo probado, sale del bar y se sube al tranvía mirando a los lados. Fue entrenado por el equipo de la Organización Internacional para las Migraciones OIM para el grupo especial contra la trata de personas en Turquía. El Departamento de Estado estadounidense ha invertido aquí siete millones de dólares para luchar contra la trata, y la cooperación noruega otro tanto.

Mahmut es un turco laico, un tipo culto. Él cree que la lucha contra la explotación sexual de mujeres en Turquía y en la Ruta de la Seda es una gran farsa. Por ello, después de meses de negociaciones con contactos, decidió hablar conmigo.

Espero en el pequeño hotel boutique bebiendo un perfumado café turco. Me siento en el bar. Es un lugar elegante con aire palaciego. El policía entra y el joven de la recepción apenas lo mira.

Lo invito a sentarse, mira a su alrededor y en voz muy baja me dice: Pedimos una jarra grande de un exquisito té perfumado con cardamomo. Le digo que podemos subir a mi cuarto y acepta. La habitación es pequeña, pero tiene un sillón y una silla; le ofrezco el primero. Poco a poco se va soltando, me pregunta qué sé de la corrupción turca, de la trata de mujeres.

Él pone atención a cada palabra. De pronto pide permiso para quitarse la chamarra, asiento con la cabeza y mi vista se congela ante la presencia de un arma colocada en la sobaquera de policía. Pierdo el hilo de mis ideas durante algunos segundos.

Con el bolígrafo en la mano y la libreta sobre mis piernas, pienso que estoy en Turquía, en una habitación de hotel, con un hombre armado, y sólo él y yo lo sabemos.

Intuye mi ansiedad y comienza a hablar de su esposa y de las mujeres admirables que ha conocido en la OIM. Hacemos un silente acuerdo de confianza, ese pacto sin el cual las y los reporteros no podríamos subsistir. Consideran que son los norteamericanos y algunos europeos nórdicos quienes la llaman 'esclavitud sexual', pero eso es problema de otros, no nuestro. Todo es cuestión de enfoques, madame. Por ejemplo, una gran cantidad de noruegos y suecos vienen a Turquía por el turismo sexual.

En su país no lo hacen, y aquí sí porque es legal y nadie los reconoce". Esta observación da en el clavo del debate mundial que plantean los abolicionistas. Siempre ha sucedido; la diferencia es que ahora que los países que se dicen civilizados han decidido combatir este crimen, se ha convertido en un negocio mejor para todos: Nadie habla de eso.

En comparación, las autoridades turcas reconocen oficialmente que, entre y , se identificaron como víctimas de la trata sólo a personas. Por desgracia, hay quienes explotan niñas.

Hemos encontrado mujeres de 16 años que trajeron a los 14; estaban en burdeles con papeles falsos y el Gobierno miró para otro lado. Cuando los tratantes se cansan de las muchachas, simplemente llaman a la policía y las entregan. Cuando se hacen redadas, es curioso que no aparezcan los explotadores para ser arrestados. Muchas jóvenes tienen papeles auténticos pero ilegales. El policía se refiere a lo que he descubierto en todo el mundo: Mi entrevistado evoca las complejidades de detectar a una esclava sexual cuando los papeles son legales: El policía asiente a las cifras que le ofrezco.

Envueltas en capas y capas de vistosas telas, ceñidas con gigantescos fajines anudados por delante, causaban sensación. Se pagaban fortunas por la mera compañía de una cortesana. Por otro lado, para ganarse sus favores era preciso cortejarlas.

El de geisha fue, inicialmente, un oficio masculino. Fuera de los barrios oficiales la prostitución era ilegal. Por supuesto, eso no implica que no existiera. También proliferaban bailarinas adolescentes cuyos favores a veces se podían comprar.

En , una mujer se autodenominó geisha. Se llamaba Kikuya , y era una prostituta ilegal del barrio de Fukagawa, en Edo, decidida a dignificar su profesión promocionando su talento para el canto y la danza.

Alentadas por su éxito, muchas mujeres siguieron su ejemplo. A regañadientes, los distritos oficiales decidieron conjurar esta amenazadora competencia contratando a sus propias geishas femeninas. Les impusieron estrictas normas: Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres. Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas. Había nacido una nueva profesión.

A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso. El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando. También podía contratar los servicios de un bufón. Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada. Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado.

Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta. Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio. Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales.

Podían y pueden tener amantes. Entrada a Ichiriki Ochaya. Las okiya , casas donde residen y se entrenan las geishas, invierten sumas astronómicas en formar a sus pupilas. Por ello, hasta mediados del siglo XX, dos grandes fuentes de ingresos complementaban su tarifa habitual: El mizuage consistía en ofrecer a un cliente selecto la oportunidad de desflorar a una aprendiz , o maiko , de catorce o quince años de edad. Era una ocasión excepcional: Para señalar su paso a la madurez, la muchacha cambiaba de peinado y recibía felicitaciones de sus compañeras de gremio.

Un danna costeaba el vestuario y las lecciones de su protegida y, si era lo bastante rico, adquiría una vivienda para ella, a menudo con la aquiescencia de su esposa. Mantener a una geisha era un símbolo de estatus en la alta sociedad nipona. Su papel en el fin del sogunato y la Restauración Meiji fue crucial.

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